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Estábamos llegando en la noche profunda. El periplo que había comenzado en Entre Ríos tocaba el punto mas alto: Ita Ibatè - Piedra Alta en Guaraní – en el norte correntino.
Uno ya ha ido muchas veces a este pesquero, pero la sensación sigue siendo la misma cuando se va entrando. Lo que nos espera en estas aguas es lidiar con los mas grandes.
Coco fernandez sabiendo que llegábamos bien tardecito había dejado todo dispuesto para que pudiéramos descansar en las confortables habitaciones de su emprendimiento, el Hotel Piedra Alta . En el desayuno hablábamos con los otros miembros del equipo, Roberto Galbarini y Claudio Zignego, para planificar las jornadas siempre con la idea de testear todas las modalidades y buscar específicamente dorados y pacúes. 
Les comenté que las confortables lanchas de Piedra Alta permitían llevar equipos diversos por lo que podíamos salir haciendo una pasada al garete y sin perder un segundo estar haciendo fly y bait sobre la costa. Teníamos pesqueros para todo tipo de modalidades. Y con otra ventaja, Ita Ibaté tiene a todos sus pesqueros relativamente cerca por lo que podíamos volver a costa y buscar cualquier elemento. Yo en esa primera salida opté por llevar los equipos de trolling y bait pero omití los equipos de mosca, suponiendo que íbamos a tener por la tarde la oportunidad de utilizarlos en los arroyos del norte: el Naranjo y el Naranjito.
Las primeras gareteadas aguas al sur, no dieron resultado a pesar de que el guía nos comentaba que el día anterior había obtenido buenos dorados en esas canchas.
Comenzamos entonces ha realizar bajadas contra la costa con mosca y en bait casting. Los doraditos atacaban permanentemente y en este caso a diferencia de otras oportunidades, las plumas eran las más exitosas. Ya había comenzado la acción y eso era lo importante. A la tarde nos esperaban los arroyos y estábamos esperanzados en toparnos con los pacúes.
Almuerzo y una reparadora siesta con aire acondicionado nos volvían a poner en condiciones. A propósito …la pesca en los meses estivales no solo es posible , es además uno de los mejores momentos del año. Solo hay que tomar precauciones y saber salir al agua en los horarios adecuados.
Los Arroyos
Salimos rumbo al norte deslumbrados por las aguas verde esmeralda de los arroyos interiores. Las veces que los he frecuentado no producen acostumbramiento. Siempre es una maravilla visual que se renueva y emociona. Aves de todo tipo, familias de monos, yacarés, aguas translucidas, vegetación exuberante y actividad de peces por todos lados.
Las plumas y los “muñecos” comenzaron a golpear la costa, se seguía manteniendo la sorpresiva estadística de que el fly le ganaba al bait. Con frecuencia podíamos ver a los pacúes y salmones, todo pescador, especialmente los patagónicos, sabe lo fascinante de hacer los intentos a pez visto. En una curva del arroyo, Un gran árbol de hambaè soportaba el peso de una decena de monos comiendo la codiciada vaina de esta planta. Era una señal inequívoca de que abajo en el rìo, casi con seguridad, las especies omnívoras podían estar esperando lo que se le cayera a los simios. Un dato que en el alto Paranà es insoslayable es la actividad de los monos. En una nota de hace un año describíamos como al verificar la actividad de los monos , encarnamos con el fruto que estaban comiendo y debajo del árbol en donde se hallaban, capturamos los dos mas grandes pira pytas que vi en mi vida de casi cinco kilos que me dieron una de las mas gratificantes luchas que recuerde.
En este caso ocurría algo parecido pero lo que se veían no eran pira pytas si no pacúes.
Les tiramos y no obtuvimos respuesta, retomamos, le volvimos a tirar y un doradito de hermosos colores tomó lo que estaba destinado a sus colegas. La secuencia completa desde el mismo lance, hasta la devolución, es uno de los videos que ilustra esta nota.
A la salida del Naranjito todavía no habíamos capturado ningún pacú a pesar de poder verlos. Observamos entonces como un pescador anclado en la desembocadura peleaba con un pacú de casi tres kilos.

Obviamente decidimos atarnos. Las líneas con tres granitos de maíz y a esperar. Normalmente las capturas de bogas sobrepasan a los pacúes pero este no fue el caso. Roberto tuvo su primer experiencia con el pacú , su firme llevada que aun en portes pequeños no deja de sacar línea.
En la otra lancha lo mismo, un pacú y otro.
Los omnívoros por fin decían presente,
Los caída del sol detrás de Punta Gallino nos decía que teníamos que volver a la costa.
A la mañana siguiente salimos con Telmo un nuevo guía que reemplazaba a Juan.
Le contamos la experiencia del día anterior y concluimos entre todos, que lo mejor iba a ser buscar grandes dorados a trolling en las piedras de Punta Gallino.
La acción no demoró. Un par de buenos dorados y luego la frutilla del postre. En la caña de Claudio a 120 metros de distancia daba un primer salto un espectacular ejemplar. Luego no volvió a saltar. Las aguas límpidas permitieron ver al doradazo mucho antes de salir a superficie. Una dorada que luego pesò 13 kg. coronaba la pesca. Un fiel ejemplar de los que abundan en las legendarios pedregales de Punta Gallino.

El guía Telmo se convirtió para rebosante Claudio en “San Telmo”.
A la tarde nos dividimos. Roberto y yo nos quedamos haciendo mosca en la costa de Punta Gallino y Claudio siguió haciendo trolling con dos piques fulminantes que no pudo capitalizar.
Pasaron las horas, nuevamente sobrevenía el mágico ocaso. Ita Ibaté volvía como tantas veces a demostrarnos porque está en la cúspide del Paraná. -
Videos: Devolución de una gran dorada y la captura de un doradito con mosca desde el momento que toma.
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