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Ita Ibaté nos recibió en el medio de una ola de calor generalizado. Para colmo las informaciones recogidas sobre la pesca hablaban de la dificultad existente para localizar a las cuatro especies mas atractivas del lugar: El dorado, el surubí, el pacú y el pira pyta.
Las crecientes que sufre el Paraná desde hace unos meses si bien acarrean todo un proceso revitalizador de la fauna actica, implican, en plena crecida , la dificultad de encontrar el pique. Peces desperdigados fuera de los grandes cauces y haciendo su festín de especies forrajeras al interior de las islas inundadas, en espacios inaccesibles para realizar los intentos. Ese era el panorama previo.
La decisión tomada fue intentar la captura de pacúes y pirá pytas aun sabiendo que la mayoría de los ejemplares se encontraban adentro del campo pero con la esperanza de que durante algún momento de la jornada, especialmente a la caída del sol, salgan hacia los cursos de agua mayores y estén al alcance de nuestros engaños.
Sabíamos de antemano que iba a ser duro el relevamiento y que íbamos a tener que apelar a la persistencia y la paciencia para obtener algún resultado.
Fuimos provistos de un buen número de señuelos, moscas y algunas de las carnadas naturales con la que se suelen tentar a los pacúes y pira pytas que acostumbran alimentarse en las mismas zonas. Naranjitas silvestres, coquitos y salamines fueron parte del menú que embarcamos en la lancha.
Los lugares elegidos fueron algunos de los arroyos que se encuentran aguas arriba de Itá Ibaté.
Monos, carpinchos yacarés , aves de todo tipo y otros animales salvajes, son comunes en estos arroyos salvajes e inhóspitos. El sonido estruendoso de los monos bramadores nos iba a acompañar durante toda la calurosa jornada y su actividad iba a ser fundamental para lograr las capturas con las que finalmente coronamos el relevamiento.
La pesca
El primer indicio de la actividad de las dos especies buscadas nos confirmaba lo esperado. El sonido de chapoteos se escuchaba apenas apagamos el motor, pero la actividad venia de lugares de imposible acceso, bien en lo profundo “del monte” como le gusta llamar a los baqueanos al interior de las islas inundadas por la creciente.
La transparencia de las aguas nos permitía en algunos casos ver algún pacú agazapado, pero no comían. Sobrealimentados quizá, los ejemplares que divisábamos no se sentían tentados ni por señuelos, ni por moscas ni tampoco por carnada natural. Todo confirmaba el pronóstico pesimista. Son dos especies de por si difíciles aun en las mejores condiciones , mucho mas bajo una creciente que les permitía ingresar a lugares normalmente inaccesibles y alimentarse de frutas y mojarras a "piachere".
Se trataba de persistir hasta encontrar la oportunidad, para no dejarla escapar si queríamos testimoniar pesca.
El fruto mágico. El momento inigualable.
Cesar, el “piloteiro”, como llaman a los guias los turistas brasileros, comenzó a manejar todos los recursos de su vasta experiencia y conocimiento: “Daniel -me dijo- tenemos que encontrar el fruto maduro del ambagh. Con él no podemos fallar”. Se trata de una planta silvestre que crece en la isla y que si bien es relativamente común, hay que encontrarla madura para que logre tentar a algún Pacú o pira pyta.
La siguiente hora me sentí un explorador botánico:
-“¿Esa te parece Cesar?
-“No, no esta madura” - me decía el compañero
Hasta que finalmente encontramos la famosas vainas del ambagh en el estado adecuado. Nos nutrimos de varias. Se trataba ahora de encontrar el lugar donde pudieran encontrar la mortífera efectividad que con entusiasmo me había descripto el guía.
A los quince minutos con un seña y en total silencio Cesar me señaló unos monos que en las copas de unos árboles de ambagh estaban comiendo. Estaba claro que era el lugar. Los pacúes y piras pytas comen los frutos que los simios dejan caer al agua . Nos arrimamos y en el primer lanzamiento realizado en el medio del bosque semi sumergido Cesar logró tentar a un pez. La lucha desplegada del que ya habíamos detectado como pirá pytá era sencillamente impresionante. Se trataba de un ejemplar de tamaño notable. Corridas portentosas, cañas al máximo de sus posibilidades, hamacadas por todo el perímetro de la lancha, y el maravilloso sonido del multifilamento que se desprendía del carrete a todo volumen.
A los diez minutos asomó el increíble ejemplar de aproximadamente cinco kilos. Con un lomo impresionante, bien alimentado. Fotos, al agua y a cargar de ambagh nuestros anzuelos nuevamente.
Ansioso le dije a Cesar que remontáramos el arroyo y le cayéramos en silencio a la misma zona. Quería ser yo el que en esta oportunidad tuviera esa única oportunidad y la tuve. Me cuesta poder convertir en relato la experiencia. El video que acompaña la nota y las imágenes son el fiel testimonio de la capacidad de combate de esta especie a la que muchos le asignan incluso mayor despliegue que al propio dorado.
Los equipos livianos realzaron el combate. Otro ejemplar de cinco kilos. Esta vez era yo el que empuñaba la caña siendo el protagonista de una experiencia única.
Los cuarenta grados de temperatura ambiente, el esfuerzo físico de una dura jornada, todo era recompensado largamente con esos 10 minutos mágicos que unen al pescador y al pescado en este arte milenario.
Ya no hubo otra oportunidad. Los monos se metieron en lo profundo del monte y con ellos los peces que los siguen sabiendo que en algún momento obtendrán su recompensa.
Nosotros, dos seres humanos en el medio de la armonía de la naturaleza, fuimos la anomalía de una escena que seguramente se lleva a cabo desde hace miles de años.
La madre natura nos confirió ser efímeros protagonistas de una secuencia que esperemos se siga dando para siempre.-
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Portes extra large de uno de los peces mas deportivos de la cuenca
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