El viaje al norte surgió de repente. Sin programarlo encuentro en el Chat a Vicente Botta, amigo y guía de pesca con mosca de dorados y salmones de río en Paso de la Patria.
Me comentó que la pesca estaba buena y que comenzaban a salir dorados de los grandes. Sin dudarlo acepté la invitación, hacía tiempo que me tentaba ir al alto Paraná e intentar capturar un gran ejemplar con mosca.
Apenas recorrimos unos 500 mts. con la lancha, cuando el guía me propuso hacer unos cast sobre unas piedras que emergían del agua armando unas hermosas correderas. En el segundo tiro se me prende un muy lindo dorado de no menos de 5 kilos que con un espectacular salto, se mostró y luego corrió hacia unos palos donde escapó victorioso.
A partir de allí mi excitación fue enorme, me preguntaba qué hice mal? qué pasó? Sin encontrar respuestas, acepté mi derrota.
Seguimos con rumbo al norte y los dorados no se demoraron en darme revancha. Pude obtener varios ejemplares de entre 2 y 4 kilos. Como dijo certeramente el guía, las moscas oscuras preferentemente negras y rojas, fueron las más elegidas por los vigorosos doraditos.
El tiempo estaba amenazante, la baja presión y la gran humedad anunciaban una tormenta. Vicente me contaba que sus mejores pescas las hizo antes de las tormentas, - es un momento clave donde los peces entran en gran actividad- me secreteó.
Llegamos a una punta de piedra que tenía una gran corredera y donde se formaba una especie de cascadita, lugar ideal para el acecho de algún buen dorado. En los cuatro primeros cast no tuve pique y eso me pareció raro, pero fue en el quinto cast cuando dejé derivar la mosca y esperé que se hunda un poco hasta que apareció “la bestia”. Esa fue la palabra que utilizamos para nominar al dorado que con todos sus kilos de fuerza traccionó más de 100 mts río abajo sin saltar nunca. Vicente alejó lentamente la lancha de la costa para que pueda maniobrar mejor. Fueron unos 35 minutos los que me demoré en vencer a la bestia que aún no conocía, parecía incansable, era como intentar levantar una roca del fondo. Yo terminé más agotado que el dorado de 12 kilos con el que me enfrenté, se los puedo asegurar.
Lo que sentí ? inenarrable...
Es que uno nunca sabe qué ejemplar va a tomar la mosca
En el Paraná, no hay límites, no hay certezas. Uno solamente sabe que debajo de esa gran masa de agua puede habitar aún uno de esos históricos dorados que hicieron famoso a Paso de La Patria y ese bicho puede estar observando nadar tu mosca. Entonces uno siempre esta en tensión, desde que comenzás con el control de la línea, porque puede aparecer una gran bestia, como la de ese día.
Estás siempre soñando esa gran toma, ese gran pique… y en un instante: se te hace realidad.
Uno presupone que la tomada será violenta, pero les aseguro, nunca se está preparado para tamaña sensación, no deja de sorprenderte la fuerza y la agresividad del dorado al devorar la mosca.
Te paraliza por unos segundos y te hace pensar aceleradamente los pasos a seguir para no cometer errores y el temor de perder en la lucha te hace temblar hasta los huesos. Indescriptible.
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